Sin acuse de recibo. (Poemas).

«Papeles son papeles. Cartas son cartas.

Palabras al viento, para siempre idas».  

Rolando Morelli

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Entre viejos papeles hallé estos poemas. Todavía me reconocí en ellos, a regañadientes. Han pasado los años. Muchos. Demasiados tal vez. Ya han partido mis padres. Ambos murieron en Cuba. Después de dieciséis años volvimos a reunirnos ocasionalmente. Y entonces sucedió lo inevitable. Mi madre enfermó y murió de cáncer que no llegaron a diagnosticarle sino al final. Mi padre la sobrevivió unos años más. Para volver a verlos debí tragar el reiterado buche amargo de las humillaciones. A veces no me dejaban pasar del aeropuerto de Rancho Boyeros o me devolvían a México. Insistí en volver siempre que me lo permitieron las autoridades del régimen castrista. Al funeral de mi padre no me permitieron asistir. Siempre me negué (y me negaría si volviesen con proposiciones de esta índole) a servir o “colaborar” con la tiranía sirviéndoles “voluntariamente” en el extranjero de paño de mano.  “Podrías entrar y salir  cuántas veces quisieras. Sin problemas. Muchos otros colaboran con nosotros”. Me decían ya claramente. Nada de insinuaciones ni de actos de intimidación como aquella vez que me fueron a buscar a la casa de mis padres en Camagüey, con mi madre enferma, y me condujeron en silencio por una larga carretera hasta Villa Marista en La Habana. “Eres valiente. Nos consta”  Me dijeron. “Tienes prestigio como profesor y eres un buen escritor. Nosotros podríamos ayudarte si quisieras… Disponemos de editoriales y de amigos fuera de Cuba. No podemos comprender ni aceptar tu enemistad”. Se trata apenas de un manojo de poemas (el resto seguramente lo destruí o extravié como quien no quiere la cosa) escritos en los primeros años de la década del ochenta, después de llegar a los Estados Unidos con el éxodo del Mariel.

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I

 Madre: anochece sin ti

este segundo domingo de mayo

y se perfila más tu ausencia

 Estás, pero anochece inevitablemente

Si me resigno, es porque estás en esa ausencia

El silencio que llega

va instalándose

dentro de otro silencio, desplazando

sus puertas sin dintel por otras puertas

cerradas,

sus miradas sin ojos,

por esas puertas cerradas frente a mi

 Y me resigno también a presentir, que estás tras esa puerta

 Estás, cuando anochece. Definitiva en tu rincón

Queriendo estar. Fantasma de ti misma

Tu doble

 Ahora me doy cuenta

que ensayabas siempre este momento

 Se hace lo que es posible, parece que dijeras,

y eso, para ti

era casi la esperanza

 Pero hoy, parece que el camino se te hace más difícil

Llegar a donde estoy, y no encontrarme

Saber que soy yo el inquilino más próximo, y distante

 (Tú y yo

somos los prisioneros también

de fechas y bautizos, aniversarios todos

que nos duelen

de año en año)

Tal vez, sea eso lo que ocurre

Eso que te va llenando la mirada

y anegándola

Hoy, segundo domingo de mayo,

no sé qué flor, (de qué color) prenderme del ojal

Estando como estás en vida, ya tan muerta

y enterrada para mi

 Para preguntarte

tantas cosas que no tienen respuesta

te he esperado

Y no sé si vendrás

¿Desde qué distancia abrasadora-

mente cerca, me consumo;

Te escribo, para no encontrar tu oído,

para que no puedas escucharme. ¿Cómo llamar este silencio,

sin asombros ya

Tan cotidiano en su existir

que es todo lo que se alza entre nosotros,

como un puente volado, y sin embargo

inconmovible

¿Para qué insisto todavía, con amor tan persistente

en escribirte

si este puente se interpone entre los dos?

 ¿Será tan poco, lo que busco decirte?

¿Y para qué?

 Esta noche, anochece

más sin ti. Y no sé de ti

No tengo cartas.

No dejes de escribir —me aconsejabas

Son tantas cosas, y anochece

sin ti

Te quiere siempre,

tu hijo

 II

 Otra vez, vieja, otra carta

No sé ya de qué escribirte

 Tal vez sea esta una posdata

a una carta cualquiera que no habrás recibido

Cómo me abruma este silencio de paredes tan anchas

 A ti y a mí

nos tienen encerrados, por delitos

ajenos a nosotros. Nadie nos interroga más. Ya nadie nos amenaza, con palabras de encono

Nadie viene, o va, con nuestra suerte en vilo

Nuestra suerte ya ha sido echada en saco roto

 (Tan sólo este silencio nos dejaron)

 La gente viene y va, cargando con sus vidas

en un bolso, en una billetera

y nadie tiene tiempo de mirar en torno,

de decir esa palabra amable que tal vez nos cure,

o nos alivie, de esta pena de ser

y no ser nada en manos de los otros

Las noticias de acá tampoco dicen la verdad

Mienten los periódicos. (Y no es que mientan por mentir)

Somos las víctimas de su objetividad

(Al menos para ustedes, es más fácil saber

que todo es una estafa)

 ¿A quién le importa nuestra suerte?

 Wall Street tiene sus crisis, es cierto

de las que el mundo entero se preocupa

No hay depresiones más cuidadas. Los mejores psiquiatras

del mundo financiero dan consejos

 Para las nuestras no hay remedio. Ni cuidados

siquiera. Nuestros brazos no están ahí

para ampararnos uno al otro

cuando ese sentimiento de naufragio nos domina

totalmente

 Sé fuerte, a tu manera. Escríbeme a menudo, y no te canses

de quererme por nada

Te besa, tu hijo

 III

(Tarjeta postal)

 Madre mía:

 ¡Feliz cumpleaños! Hoy he recogido flores en tu nombre,

y recordado el verso de Poe:

“¡Ah, bear in mind this garden was enchanted!”

Otra vez, qué cumplas muchos más,

y que pronto, el puente inverosímil nos reúna

en vez de separarnos

 Es todo cuánto puedo desearte, en este día

IV

 Querida Madre: Las navidades llegan. En el calendario

(de nuestras distancias,

otra fecha que anotar. Tal vez la última

 Y pasará al catálogo de nuestros desencantos,

una más, como el regalo ingrato que no deseamos recibir,

y nos impone la Fortuna —es un decir.

 Trato de recordar una canción que te gustara

Para cantarla en estos días

 ¿Hubo alguna vez una canción,

un villancico tal, cantado por tu voz?

 Recuerdo

himnos y estruendos y consignas

que no me dejan oír. En mi niñez no hubo villancicos,

—alguna navidad recuerdo

los aguinaldos en el campo la anunciaban

con sus campanas sordas

pero nadie tenía oídos para ellas

 Fue el año que Ricardo e Isabel se fueron

sin despedirse de nosotros, sus compañeros de escuela

e infortunio.

Por eso lo recuerdo

(Ricardo era mi mejor amigo, cosas que desde luego

poco importan en un mundo de adultos con problemas

y decisiones serias entre manos. Vinieron a buscarlos

por la noche, el padre, y unos tíos.

Bajo la almohada hallé el pañuelo de Ricardo,

—quiero imaginarlo de hilo—

con sus iniciales en las puntas, y un retrato

(Después de todo, Ricardo y yo éramos amigos)

Después se fueron otros. Siempre sin anunciar

Eran los tiempos

Sin ostensibles actos de repudio entonces

 Todo cuánto recuerdo es eso. Nada de villancicos

y esas cosas

Besos, y un abrazo de tu hijo hasta la próxima.

2 Respuestas a “Sin acuse de recibo. (Poemas).

  1. La sinceridad de tus sentimientos es la misma, te reconozco.

  2. Rolando, me han tocado hondo tus poemas, tus cartas, tu profundo llegar hasta esas cosas que hemos dejado atrás y que nos siguen, sin embargo, para llenarnos el alma de dulce melancolía. ¡Enhorabuena!

    Orlando Rossardi

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