Colaboraciones

1.

Una historia con alcurnia.

Los ‘perros habaneros’.

 Teresa Bevin

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Seguramente que muchos de los lectores recordarán la letra de aquellas coplas que decían: “Cuando salí de La Habana, de nadie me despedí, sino de un perrito chino, que venía tras de mí. Como el perrito era chino, un señor me lo compró, por un poco de dinero, y unas botas de charol. Las botas se me rompieron, el dinero se acabó. ¡Ay, perrito de mi vida! ¡Ay, perrito de mi amor!”  La escritora Teresa Bevin, a quien he pedido escribir sobre otro género de perros, la variedad conocida por el nombre de “habaneros”, por los cuales siente una especial predilección, nos cuenta aquí la historia de su origen y peripecias. A diferencia del chile o ají “habanero”, desconocido en la tierra que se le atribuye por cuna, el canino habanero sí es un original con “pedigree” reconocido, aunque hoy día pocos en Cuba sepan que alguna vez se originara allí la especie de marras.

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¿Quién o qué es un perro habanero?  El título pudiera significar muchas cosas, desde un habanero que tenga una perra vida, hasta uno de esos perros escuálidos que hoy tristemente deambulan por las calles de La Habana.  Pero de quien quiero hablar de perro habanero, conocido también por otros nombres como: Bichón habanero, habanés de seda, blanquito sedoso de La Habana, perro de seda de La Habana, bichón cubano, o bichón de La Habana.

Se supone que el bichón habanero tiene su orígen en la Grecia Clásica, o en la región mediterránea Occidental y que su singularidad genética se desarrolló a lo largo del litoral español e italiano.  Con el tiempo, los capitanes italianos de grandes embarcaciones fueron quienes introdujeron este singular espécimen canino en Cuba.  Algunos dicen que se le llama bichón habanero porque el perrito original tenía el color cobrizo-marrón de los habanos, pero otros consideran que la raza se siguió fortaleciendo en Cuba hasta resultar en el bichón habanero de hoy, y por eso se le clasifica como habanero.

Tradicionalmente, entre los siglos XVIII y XIX, el habanero no era un perro que se vendía, sino que se regalaba.  Precisamente los capitanes italianos iniciaron esta costumbre con quienes entablaban negocios no solamente en La Habana, sino en otras ciudades del mundo.  Luego los comerciantes de éxito se regalaban estos cachorros unos a otros como parte de un trato cerrado.  Pero fue en La Habana donde este pequeño can se convirtió en símbolo de aristocracia.

La palabra francesa bichon significa “perro lanoso” y como se sabe existe el bichón maltés, el bichón de Tenerife, y otros perros denominados como bichón por su pelambre.  Y este perrito es indudablemente lanoso, sedoso, y no suelta pelos por toda la casa, por lo cual es muy deseable.  La aristocracia cubana adoptó al bichón habanero y a base de apareamientos se logró un habanero blanco cuya pelambre era extremadamente sedosa al tacto.  A este perrito en particular se le conoció como “blanquito sedoso, o de seda.”  Algunas familias ricas en Cuba utilizaron a los habaneros para pastorear gansos y patos, y se dice que el bichón de Tenerife, el pariente más cercano al habanero, es particularmente diestro en cacerías de liebres y conejos.

Varios escritores del siglo XVIII hicieron referencia a un perro conocido por los ingleses como “White Cuban.”  Asimismo, existe el testimonio de la condesa de Merlin, de naturaleza francesa pero nacida en Cuba, en su Viaje a La Habana.  Allí describe a dos perritos que recibió como regalo antes de volver a Francia.  Su descripción coincide con la del bichón habanero de hoy, de pelo largo y sedoso, raza que la condesa nunca pudo comparar con ninguna otra conocida por ella.

El pintor cubano Vicente Escobar, cuyo tema principal era la aristocracia cubana, realizó el Retrato de una mujer joven en 1797.  En este retrato aparece una joven con un blanquito sedoso de La Habana en los brazos.  En fotos antiguas de miembros de familias ricas, muchas veces aparecían estos perritos posando con los niños de la casa.

Al pasar los años, el habanero empezó a cruzarse con otros perros en Cuba, perdió su supuesta aristocracia y pasó a ser un perrito agradable y juguetón al alcance de todos.  Luego las antiguas líneas de sangre empezaron a desaparecer.  Con la llegada del gobierno actual a la isla, toda traza de aristocracia se convirtió en algo que había de ser eliminado.  El habanero fue catalogado como uno de los símbolos de la oligarquía cubana y se dice que algunos que quedaron en la isla tras marchar sus familias al extranjero fueron eliminados simplemente por esa asociación.  Algunos cubanos se llevaron a sus habaneros a los Estados Unidos en sus yates, donde la pureza de la raza se pudo recuperar de nuevo.

Las descripciones formales del habanero pueden encontrarse en libros, catálogos, y en el Internet.  Estas descripciones incluyen dimensiones, peso, apariencia física, temperamento, así como instrucciones sobre cómo cuidar de ellos y muchos otros detalles procedentes de criadores certificados.  Como dueña de tres habaneros, quiero ofrecer una descripción menos técnica y al grano.

El habanero es un perrito pequeño, lleno de energía y colmado de emociones, sobre todo de alegría.  Sabe amar y quiere que lo amen.  Tiene un alto concepto de sí mismo, pero también de su amo.  Cuando el habanero está en reposo, tiende a tumbarse panza arriba, en completo abandono.  El solo mirarlo produce una sensación de paz y relajación por simplemente saber que el remolino está tranquilo por un rato.  Cuando el habanero recibe a su dueño su alegría es tal que es capaz de bailar, cantar, y hacer piruetas, todo a la vez.  Sonríe ampliamente, sus grandes y expresivos ojos brillan de contento y requiere atención inmediata.  No es posible permanecer triste o contrariado ante un habanero.  La diferencia entre esta clase de perro y otros bichones, u otros perritos vigorosos es que se relacionan con sus amos de modo emocional, inteligente, y hasta intuitivo.  Son incapaces de malos humores, agresividad, o venganzas perrunas.  Soportan que se les acicale, lo cual toma tiempo, ya que su pelo es largo y requiere ser cepillado a diario para evitar enredos.  Se les puede cortar el pelo, pero aún así requieren la frecuente atención del cepillo para evitar pelotas de pelo.  Responden muy bien a la interacción verbal y parecen disfrutar que se les hable y se les tome en cuenta para cualquier decisión.  Uno de mis habaneros es un macho de dos años y medio poseedor de una gran picardía y sentido del humor.  Disfruta al descubrir y robar ropa interior, y la trae de muestra sabiendo que va a ser perseguido.  Otro de mis habaneros es la madre de este anterior, y si existen perros santos, ella es una santa canina.  Se comporta de modo ejemplar y en todo momento busca complacer.  Mi tercer habanero es un macho de 8 meses que baila como un trompo y da muestras de alegría constante.

Durante los últimos años estos perros han sido utilizados con éxito en la terapia de personas con dificultades emocionales, mentales, o físicas.  Yo misma utilizo a mis habaneros en mi trabajo como terapeuta.  Al ser un animal pequeño, fácil de tomar en brazos, suave al tacto, y dispuesto a las caricias resultan beneficiosos para personas con deficiencias de diferentes tipos.  Son magníficos acompañantes para ancianos y niños, pues aunque son vigorosos y de fuerte constitución, son capaces de distraerse solos y jugar con un solo juguete por largo rato, además de que dan cariño sin reservas.  Se ha descubierto que el habanero es una gran ayuda para niños con dificultades para la lectura en voz alta, pues al leer para el habanero reciben gustosa atención sin juicio alguno.

En resumen, el perro habanero es un magnífico compañero.  Es un antidepresivo eficaz y sin efectos secundarios.  Cuando está en reposo puede combatir la ansiedad y los efectos nocivos del estrés.  Hay que dedicarles tiempo, pues ignorarlos sería como ignorar a un niño.  Como habaneros que son, son bailarines, fiesteros, amigos de los paseos y las buenas conversaciones.

Pero ¡cuidado!  Los habaneros son como las papas fritas.  No es posible probar solo una, pues le sigue otra, y otra.  Casi todos los dueños de habaneros tienen al menos dos.

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Teresa Bevin, narradora de origen cubano, es autora de libros de cuentos y novelas. También de obras para niños. Reside en Santa Fe, Nuevo México. Su novela más reciente, publicada por las Ediciones La gota de agua, lleva por título Papaya Suite, y se halla disponible en el catálogo electrónico de la mencionada editorial.

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2 Respuestas a “Colaboraciones

  1. ¡Excelente artículo sobre los habaneros! Casi me dan ganas de tener uno… si no fuera porque se multiplican como las papas fritas. Son preciosos y tan inteligentes… ¡Gracias, mi tocaya!

  2. Waldo González López

    enero 17, 2012 a las 10:07 pm
    Excelente tu blog. Felicidades por ello. Un abrazo, waldo glez. lópez

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