A veces leo la prensa…

Índice:    ☟

1.  El insomnio de la sinrazón produce algunos blogs habanerosy el oportunismo navega a sus anchas por esos mares  que Hugo Chávez, con lucidez característica, llamó de la felicidad.

Rolando Morelli

2.  Reseña del libro «Libertad en cadenas», un ensayo que cala en el alma cubana, en busca de respuestas que iluminen algunas de sus contradicciones más acusadas.

Luis de la Paz

 3.     Nota de interés y enlace provisto por Iván Acosta.

  4.    En respuesta.  Permiso para disentir, o la disidencia con cortapisas.

Rolando D. H. Morelli, Ph. D.

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1.

(El siguiente artículo en respuesta a otro aparecido y divulgado en los medios oficiales y oficiosos cubanos, no fue publicado en su momento donde debía serlo, pero releyéndolo ahora —lo cual demuestra que no sólo leo a veces la prensa, sino que me leo a mí mismo— considero que vale la pena comenzar con él esta sección de mi bitácora). R. M.

El insomnio de la sinrazón produce algunos blogs habanerosy el oportunismo navega a sus anchas por esos mares  que Hugo Chávez, con lucidez característica, llamó de la felicidad.

Rolando D. H. Morelli, Ph. D.

         Se llama Enrique Ubieta Gómez y confiesa escribir desde una Isla desconocida. La suya. No la Isla, sino su isla o promontorio, que es tanto su bitácora como su cabeza, en fin, su propia geografía extraterritorial, extra-terrestre, alienada del dolor de ser hombre en tierra donde los hombres no pueden ser libres, y por aspirar a este derecho se les encarcela, y se les muere o deja morir por la osadía última de reclamar un poco de libertad. La realidad de que habla en su diario de a bordo (de abordaje) apenas lo toca. No lo rodea ni asedia el agua por todas partes, de que hablara el poeta, sino la maldita circunstancia de sus propias palabras entorpeciendo un raciocinio que es más bien la resaca de todo lo no vivido por él. En otras palabras que entenderán muy bien en La Habana y en muchas partes: ¡El hombre es tremendo barco! Una nave escorada que deriva a favor de la corriente que lo impulsa, y a eso llama él navegar. Bien que dispone de bitácora —que ya es decir algo. ¡Goza de patente de corso en toda regla!— sin que le inquieten por tanto encontrados pensamientos o le incomoden vientos contrarios, en fin que como se siente isla sobre su puente de mando, sueña la bonanza de puertos acogedores, y dispone a gusto de su utopía. Dispone, asimismo, de carta de marear en la que nos adelanta los descubrimientos que han de ser alguna vez en su ruta, y a los que ya ha dado nombre por gracia de Adelantado único de la Mar Océana que reclama suya. Cartulano de la Utopía, o de cierta utopía, confiesa que navega en pos de ella, y a bordo de sí mismo es una isla que se desconoce y se busca sin buscarse porque ya medio se ha encontrado en mares próximos a dominios que declara ser reales. ¡Más claro, ni la utopía misma a que se adscribe!

Después de semejante declaratoria, entre cursi y ramplona, con la que abre su blog, nos enteramos de otros datos que confirman la irrealidad de este Odiseo entre el Trópico de Cáncer y el cáncer del tópico revolucionario y floral. Del ensayismo a las labores de periodista oficial y oficioso, completa su ronda el barquero. Autor de La utopía rearmada, entre otros textos sin duda fundamentales para estos menesteres a los que con más asiduidad se entrega en utopía y alma, y uno de los redactores de la menesterosa Historia de la literatura cubana en tres tomos, fue galardonado en el año 2002 con alguna distinción por la cultura nacional, denominada precisamente Distinción por la Cultura Nacional.

 Tanta versatilidad demuestra Ubieta Gómez a bordo de ese barco en busca de sí mismo que ha dicho ser, que en pocas líneas pasa de un tono a otro, como al asalto de un galeón. De unicornio se transfigura en rinoceronte encornado y se toma para él solo La calle del medio, que es también otro medio a su disposición y por disposición de quienes todo pueden disponerlo. La calle, ya se sabe, “es de Fidel” según corean los indignados acólitos del derecho en exclusiva que adjudican al sátrapa, y puesto a ello, se desordena Ubieta Gómez como hubiera hecho, digamos Carilda Oliver Labra acosada por un tábano neuro-erótico algo errático pero empecinado. «Zapata: ¿Un muerto útil?» Pregunta con desdén nada retórico, no Carilda sino el otro. Y a seguidas se desliza por la tangente aviesa de su utopía criminal, cómplice y al cabo marginal de la otra: la grande, a cuyo servicio se desempeña con ventaja oportuna.

  “La absoluta carencia de mártires que padece la contrarrevolución cubana —declara— es proporcional a su falta de escrúpulos”. Esto afirma sin que el pulso le tiemble de vergüenza propia, quien demostrará en su diatriba no tener precisamente eso, vergüenza, ni escrúpulos para mentir y mancillar la memoria de Orlando Zapata Tamayo, entre otras tropelías. Pasando por alto cualquier evidencia en contrario, la más reciente de las cuales no tendría que ser la muerte misma del preso político cuya memoria infama, sino la de un número aún por determinar de pacientes muertos de frío, inanición y abandono en las salas del Hospital Psiquiátrico Nacional hace apenas unas semanas, entona un loa a la tiranía al afirmar que “es difícil morirse en Cuba, no [sólo] porque las expectativas de vida sean las del Primer Mundo [ya que aquí] nadie muere de hambre (…) ni de enfermedades curables, sino porque impera (sic) la ley y el honor”.

Ni corto ni honorable, pero eso sí, muy legalista, y además envalentonado por su propia osadía, la emprende seguidamente contra las Damas de blanco y Yoani Sánchez, otra bloguera cubana quien a diferencia de nuestro Odiseo-Ulises no goza de la sanción oficial para erigirse en navegante por cuenta propia en los mares de la blogosfera, sobre los que la tiranía cubana reclama una propiedad absoluta e indiscutible, como en todo. Lo de Yoani, se supone, va por su cuenta y riesgo. ¡Muerte a los independientes del patio! O a cualquiera que sueñe independizarse del feudo Castro. ¡Vivan nuestros amados Señores!  En una larga tirada mal hilvanada y peor argumentada por él, afirma Ubieta Gómez que tanto una (Yoani) como las otras (las ‘Damas de blanco’) “pueden ser detenidas y juzgadas según leyes vigentes [ya que] en ningún país pueden violarse las leyes: recibir dinero y colaborar con la embajada de Irán (un país considerado como enemigo) en Estados Unidos, por ejemplo, puede acarrear la pérdida de todos los derechos ciudadanos en aquella nación, pero ellas saben que en Cuba nadie desaparece, ni es asesinado”. Semejante parrafada —la cito textualmente y en su totalidad— en las que se entremezclan las verdades de Perogrullo “pueden ser detenidas y juzgadas según leyes vigentes” con otras insensateces y patochadas de lo peorcito, dan la medida del dominio argumentativo que alcanza el periodista en su afán esclarecedor, y del alto grado de su sensibilidad. No sé si se trata de que en su deriva de isla utópicamente virtual el falso Ulises se confunda, o tal vez desconozca, o más probablemente busque confundir a quien lo lea sin estar informado, pero sería bueno precisarle que la Oficina de Intereses Cubanos en Washington D.C. y sus diversos departamentos no sólo reciben a quienes quieren recibir y a su vez son invitados y recibidos por individuos e instituciones que tienen a bien hacerlo, sino que además llevan a cabo una incesante labor de propaganda apenas limitada en algún que otro momento de tensión entre los Estados Unidos y la tiranía cubana.

¿Miente a conciencia, para disponer luego de un presunto argumento este marino de las tintas encrespadas por sus remos? Sin tiempo para detenerse en su carrera de improperios y falsificaciones, el gacetillero avanza hasta tocar en esa orilla orillera, fangosa, maloliente, donde nos revela que a fin de cuentas, Zapata no era otra cosa que un vil delincuente “transformado después de muchas idas y venidas a prisión en “activista político”. ¿De qué manera puede conocer un simple periodista cubano la supuesta trayectoria “delincuencial” de Zapata? ¿De qué lo conoce, o lo conocía? ¿Repite lo que declaran las autoridades, únicas que podrían conocer el expediente de Zapata, o lo adivina todo? ¿Repite lo que divulgan convenientemente las autoridades tras la muerte del preso, las mismas que lo encarcelaron, condenaron y fabricaron su expediente delictivo? Son preguntas no retóricas que formulo para responder a la falsa pregunta con que Ubieta Gómez titula y comienza su acometida: «Zapata: ¿un muerto útil? La “tesis” fundamental de su diatriba, si es que a tales descalificaciones contra quienes se oponen a la tiranía castrista, puede llamarse tesis, se resume en que la Revolución es buena, muy buena, buenísima, intachable, y nunca se equivoca ni excede. Su propio historial la exime siquiera de tener que dar explicaciones de ninguna clase, en tanto la Contrarrevolución por el contrario se caracteriza por, bueno, eso: exactamente lo contrario. Ergo: Zapata Tamayo es un pobre diablo, aunque se prestara al juego, martirizado a conciencia por los inescrupulosos contrarrevolucionarios, para contar con un mártir ¡al fin! que exhibir ante el mundo. En la misma línea de razonamiento afirmaba Lula da Silva desde La Habana que “a un país no se le podía juzgar por la decisión de un solo ciudadano” de morirse en una huelga de hambre que, por otra parte había elegido seguir con toda libertad. ¡Para que luego hablen de que en Cuba no se respetan las libertades ni los derechos del individuo! Estoy seguro que de repasar la prensa periódica de Cuba de los últimos cincuenta años nos hallaríamos una y otra vez con la misma argucia enarbolada como argumento por los Lula y los Ubieta Gómez del momento.

Verdaderamente es de asco cuando menos, el espectáculo montado en torno a la muerte de Zapata Tamayo, pero no como declara Ubieta Gómez porque “la contrarrevolución” haya previsto y ahora utilice la muerte del reo para sus crímenes inconfesables y confesos: la búsqueda de la libertad, la instauración del derecho de los individuos, y otros de similar naturaleza, sino entre otras cosas por la mala fe y la mala leche del plumífero, que es mucho peor naturalmente que su mala prosa de apresurado escribiente, salido de la factoría de imágenes del régimen a quien con tanta devoción sirve y en cuya defensa miente, calumniando a un pobre hombre asesinado por la tiranía, y a un grupo de mujeres que pacíficamente reclaman la libertad para sus esposos encarcelados sin más trámite, por denunciar precisamente lo que Ubieta Gómez busca ocultar con sus tergiversaciones, mediante el placer en vigilado solitario, de navegar hasta haber establecido virtual y categóricamente que el mar de la felicidad de que habla Chávez existe. ¡Existe!  Y por esta verdad suya sería capaz sin dudas de casi todo. ¿Quién podría dudarlo todavía?

Rolando D. H. Morelli, Ph.D.  Escritor, académico e intelectual cubano residente en Philadelphia,
es asimismo el fundador y director de las Ediciones La gota de agua.

2.

Reseña del libro «Libertad en cadenas», un ensayo que cala en el alma cubana, en busca de respuestas que iluminen algunas de sus contradicciones más acusadas. 

Aparecido en La Revista del Diario Las Américas,
(Miami, Florida 01-05-2012)

Luis de la Paz

Con el categórico subtítulo de “sacrificio, aporías y perdón en las letras cubanas”, el libro Libertad en cadenas (Peter Lang, 2010) de la profesora cubana Aída Beaupied se adentra en uno de los temas más acuciantes en la literatura (y en la vida) de los cubanos: la libertad. Se trata de un libro complejo y difícil, donde la profesora de Chestnut Hill College, en Filadelfia, ofrece lo que ella denomina “especulaciones sobre cuánto, cómo y por qué tantos discursos cubanos afirman y niegan a la vez, o cuando menos posponen para un futuro incierto, la capacidad humana de ser libre”; añadiendo a continuación: “he querido creer que, aunque sea un pesadilla esto de existir presos en la cárcel de pensamientos y lenguaje que nos coarta a la hora de ser todo lo libre que queramos, hay mucho de bueno en imaginar que somos, aquí y ahora, tan libres como creamos”. 

Respaldado por abundante citas que ayudan a sustentar tesis, teorías y análisis, la Dra. Beaupied, ofrece una panorámica de la realidad cubana a través de visitaciones de carácter literario, patriótico y social, tanto al siglo XIX, con referencias a Martí, Casal, La Avellaneda y otras figuras cimeras cubanas, hasta los más que simbólicos, casi contemporáneos del siglo XX, Lezama Lima y Virgilio Piñera, sustentando también valoraciones a partir de un acercamiento a la obra de Pedro Juan Gutiérrez, y hasta el cine de Tomás Gutiérrez Alea.

Aunque la autora aclara que “no es mi propósito discutir cuáles son las razones ideológicas (socio-políticas) o pragmáticas (económicas, legislativas) por las que en Cuba los proyectos modernos, cuya máxima aspiración es la libertad, han encontrado tantos obstáculos”, es evidente que tales trabas las ocasiona la más cruel tiranía que ha conocido este hemisferio, que ejerce control sobre el cubano, obstaculizando hasta sus más elementales aspiraciones. La profesora Beaupied soslaya esa poderosa (y triste) realidad en su libro, tal vez porque yace como evidente trasfondo en las páginas de estos estudios, aunque siempre es prudente recordar las causas del horror, ya sean éstas porque ha faltado la soberanía e independencia, por intervenciones extranjeras o la imposición (por más de cincuenta años), del castrismo. 

Dividido en siete sólidos capítulos, resulta esclarecedora toda la primera parte, Pensamientos y creencias sobre la libertad, que sirve de punto de partida para capítulos como Mitos y aporías de la trascendencia en los discursos literarios cubanos y El mito integracionista cubano y sus personajes arquetípicos. Estas dos secciones conducen a Aída Beaupied a analogías que brinda sobre la obra y el comportamiento de Virgilio Piñera y Lezama. De este último señala que “para entender las ideas de Lezama sobre la libertad”, hay que tomar en cuenta términos como: “teleología, amor, rencor y, uno de los más importantes, isla”. A Piñera lo cataloga de “pesimista”, señalando (muy acertadamente) que para el autor de La isla en peso, “la vida se concebía sin escape debido a la maldita circunstancia del agua por todas partes”. 

Libertad en cadena es uno de esos libros bien abarcadores. La idea (las ideas) en torno a la libertad se suceden y sustentan con argumentos y ejemplos bien puntuales, que merecen, ameritan, una lectura calmada y un lector muy atento.

3.

El dramaturgo Iván Acosta, de larga trayectoria creativa, y política anti-castrista, residente en Nueva York, me hace llegar a propósito de un intercambio de notas y de mi artículo (ver: Sección “Desacatos” en esta bitácora) el enlace de un insidioso artículo publicado en la edición digital del periódico “Granma” de La Habana, con fecha de mayo del 2010, y relacionado con el tema y la polémica suscitada por los llamados “intercambios” actuales entre el régimen de los Castro y la Administración Obama, a los que han sido sumados algunos artistas del exilio, y otros han querido sumarse aduciendo un número de razones. La película de Iván, “Rosa y el ajusticiador del canalla” que sirve de excusa a Granma para atacar a Acosta, invierte festinadamente los términos de la ecuación planteada por el dramaturgo y cineasta en su película para considerar al artista el verdadero “canalla”. Ahora de repente, Acosta resulta ser de los autores del exilio cuya obra será leída en uno de los compartimentos de la Feria del libro de este año en la capital cubana. No será, naturalmente, ésta cuyo título mencionábamos arriba sino “El super”, que por sus referentes culturales y políticos resulta inofensiva al régimen, y por el contrario  le sirve a éste para presentarse como “evolucionado”. Los mismos que sólo dos años antes desautorizaban y hasta se cuestionaban la valía artística de nuestro autor, han dado aparentemente un giro de no sé cuántos grados para aparecer de frente y tan compuestos. Agradezco al amigo Iván Acosta el envío, que sirve de apostilla a mi artículo y viene a iluminar aún más los verdaderos parámetros de esta apuesta propagandística de la tiranía.

http://elparquetrillo.blogspot.com/2010/05/ivan-acosta-y-la-hoguera.html

Para ver la imagen aumentada pulse sobre la misma.

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4.   En respuesta.

Permiso para disentir, o la disidencia con cortapisas.

Detrás de la uniformidad de criterios a nombre de la libertad y por la democracia en Cuba,

a propósito de la visita de Yoani Sánchez.

 Rolando D. H. Morelli, Ph. D.

           Muchos en el exilio cubano ven a la celebrada y premiada bloguera Yoani Sánchez, que hoy cumple un extenso recorrido fuera de Cuba, como encarnación suprema de la disidencia cubana —algo así como la contrapartida de Mariela Castro Espín quien encarna a su vez la representación de los supuestos cambios que el régimen impuesto por el clan al que pertenece querría implementar ahora—; otros sospechan que detrás del viaje de Sánchez se esconde una trama extremadamente bien urdida por los especialistas en intrigas del régimen, con cierta independencia ejecutiva dentro del canon que establece “dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”, y los hay quienes como yo mismo, duden a falta de pruebas concluyentes en uno u otro sentido, pero se nieguen a ceder con facilidad a los entusiasmos coordinados, a nombre de una unidad de acatamiento por la libertad de Cuba y la democracia en la isla. Cuento con buenos amigos entre unos y otros de quienes sostienen opiniones tan encontradas, y quizás si por eso, al menos en parte, no había querido pronunciarme públicamente al respecto hasta ahora. Tal parece que hacerlo significa, lo mismo que si estuviéramos en suelo cubano, renunciar por fuerza a las lealtades afectivas con quienes discrepen de nosotros, o lo que es lo mismo, con quienes discrepamos. La otra razón es que, cuando la única confirmación es la duda, y se piensa que uno carece de todos los elementos, lo mejor a mi entender es callar. Ése, al menos, es mi caso. No siempre es válido aquello de que “el que calla otorga”, sobre todo si hay los que convencidos de sus razones han decidido no callarse. No podría afirmar o negar que Yoani Sánchez sea, a estas alturas del juego político cubano, una súper agente, pero no deberíamos descartar sin más los cubanos que pudiera serlo. Es cuando menos sugerente que la proyección exterior que hoy alcanza —como observa Carlos Alberto Montaner— esté en gran parte determinada por el apagón mediático, los premios, y la prohibición a viajar al exterior previos. La conclusión de Montaner es que se trata de una torpeza más del régimen de cara al exterior, pero yo no coincido con esta evaluación del admirado e incisivo comentarista político y escritor cubano, en cuanto a que tal sea el caso. Todas y cada una de las salidas autorizadas en la ocasión por el régimen de La Habana, han sido larga y cuidadosamente calculadas sobre una cuadrícula de pérdidas y ganancias. Por otra parte, los entusiasmos a que casi se nos conmina en algunos casos a propósito de Yoani, se parecen demasiado a los que concitara en su momento el propio Fidel Castro cuando todavía no había llegado a serlo, y buscaba adhesiones en una tour norteamericana cuyo punto culminante sería la Universidad de Princeton. Hay aquí, a mi parecer, dos males de fondo que permean las relaciones entre los cubanos desde hace tiempo, y son ellas, por un lado, la sospecha concitada por lo que provenga de Cuba habiendo sido autorizado por el régimen —el viaje de la señora Sánchez— , y por el otro, la adoración y demanda de adhesiones que concita su imagen contestataria. Son estos dos males que afectan a los cubanos de adentro y a los de afuera. De ambas cosas parece que se trata también en esta ocasión. De ahí el cariz tremendista y acerbo que adoptan las exhortaciones, increpaciones y denuncias que se reparten tirios y troyanos. Lo que motiva mi intervención, sin embargo, no es el deseo de remover una vez más el caldo con una cucharetada más o menos enérgica, de modo que se me cuente entre los removedores de oficio, sino en particular el malestar que me causa haber leído una carta abierta que contra Zoé Valdés escribe y publica el señor Israel Abreu en Cuba Nuestra, quien se identifica como ex preso político cubano, y Director Ejecutivo del Comité de Ayuda a los Activistas de Derechos Humanos, supongo que “de Cuba”. Titula su embestida el panfletista “¿Zoé Valdés por qué eres tan soez con Yoani Sánchez?” y se dedica mediante ella, más que nada a atacar de manera no menos soez que la atribuida por él a su antagonista, a la conocida escritora y consecuente opositora al régimen castrista. En pocos renglones, acumula el plumista una sarta tal de epítetos contra la integridad de Valdés, que cuando afirma contrarrestar los que en su opinión le endilga la escritora a la señora Sánchez, uno tiene que preguntarse si no se trata de un simple ajuste de cuentas por aquello de “y tú más” que se dice. ¿Qué de malo, vamos a ver, habría en que la escritora exiliada en París llamara de “señora” a quien sin dudas lo es? ¿En qué consiste el irrespeto de este tratamiento? No consigo verlo. Tampoco considero que la opinión de la señora Valdés obedezca a otra cosa que a su convicción de lo que asegura, equivocada o no. ¿Por qué entonces ha de ser calificada de “diatriba cargada de insidia, envidia, veneno, insultos, ofensas, descalificaciones, difamaciones y muchas más cosas”? ¿No lo es acaso esta andanada que le dedica en una carta abierta el corresponsal cuya carta comentamos? Por otra parte eso de que las opiniones de Zoé “dista[n] mucho de convenirnos para la libertad y la democracia de nuestra patria, cosa que no dudo, tú quieras también”, según proclama el autor, es una afirmación demasiado redonda, aunque da la medida justa de la ofensa contra la que protesta el señor Abreu. —¡No se ofenda, por favor, por este tratamiento, que conlleva todo mi respeto! No conozco otro que pueda serlo más, ni más democrático—. ¡Yoani Sánchez es el nuevo Mesías! Decir algo en su contra es peor que mentarle la madre al catequista. ¿Ha sido dura, tal vez demasiado dura Zoé Valdés en su crítica de Yoani? Aunque no comparta su estilo, señor Abreu, ¿no está ella acaso en todo su derecho como cualquiera a desatinar? Usted la acusa precisamente de eso. Afirma usted, mi estimado señor Abreu, que no responde a las acusaciones que atribuye a su corresponsal por ella misma, o por ellas, sino para contrarrestar el efecto que sobre sus lectores pueda ejercer la crítica contra Yoani. ¿No le parece que además de tratar de tarados a los lectores, quienes podrían sacar sus propias conclusiones, como yo hago, con independencia de mi amistad y respeto por la señora Valdés, se atribuye usted mismo dotes de que por modestia al menos debería abstenerse de proclamar? ¿De qué verdad incontestable dispone usted que sea superior a cualquier otra para que los lectores sucumban a su lógica persuasiva? Yo no consigo ver en su carta tales virtudes. Le soy franco. En cuanto a que Yoani sea “más famosa en Cuba que en el extranjero” creo que no hay lugar a dudas. Usted sacará del hecho sus propias conclusiones y Zoé las suyas, pero esta declaración en sí misma no es insultante ni se trata de un embuste como claramente pretende usted hacernos ver. Zoé sospecha de Yoani porque ésta ha ido contradiciéndose en cuestiones que la escritora exiliada juzga fundamentales, según se halle la viajera en Brasil o en otros escenarios. Le observo que no se trata de “evolucionar” sino de acomodar —según lo entiende Zoé— el discurso a las circunstancias y la audiencia particular. Yo, personalmente, vi y escuché a través de Youtube a la señora Sánchez durante su comparecencia neoyorquina y no me pareció mal lo que dijo, aunque me molestó todo ese despliegue de imágenes de una terrorista confesa y sin arrepentimientos y del terrorista por antonomasia que fue el argentino Guevara durante el evento, pero al mismo tiempo, considero que tal vez no se tratara de algo de lo que pudiera responsabilizarse a la invitada. Ésa, evidentemente, no es la opinión de Zoé al respecto. En cuanto a la declaración sobre los cinco espías confesos y convictos que expían condenas en cárceles americanas, si lo dicho por Yoani tuvo una intención irónica o no, sigue siendo materia debatible, legítimamente. Señor Abreu, que usted esté convencido de que lo fue, no obliga a que los demás estén todos convencidos de ello, como nos dice categóricamente. En fin, que usted tenga su opinión acerca de todas estas cosas y las de más allá y las exprese categórica y convencidamente debería ser proporcional al derecho que asiste a la señora Valdés de hacer lo mismo en oposición a sus criterios. Por último, pero no menos significativo, resulta ese tuteo ninguneador que usted se empeña en emplear para dirigirse a Valdés, y termina siendo muy revelador, por otra parte, de un afán correspondiente de disminuir a su contrincante al nivel al que precisamente dice usted que ella se propone reducir a Yoani. Y no me venga, por favor, conque se trata de una cuestión idiosincrática del cubano. Sólo la mala y la peor educación se avienen con tales parámetros de chancleterismo.

       No voy a extenderme en el examen detallado de cada uno de sus argumentos, reparos y contrarreparos a los que Zoé le formula a Yoani. Usted también los entresaca con pinzas de su contexto cuando así le parece mejor hacerlo, y los salpimenta de insultos con los que evidentemente busca a la vez que ripostar las afirmaciones contrarias, acabar con quien de tal modo se manifiesta. A eso, señor Abreu, llaman en inglés con mucho dramatismo “character assassination”, y en español le llamamos descaracterizar. No hace menos usted, cuando al cierre de su carta abierta, lanza como un órdago la falsa afirmación de que un jurado parisino condenó por difamación a la señora Valdés en octubre de 2001. Valido de este argumento parece usted darse por satisfecho y cierra su carta con un llamado amenazante a la señora Valdés, no sin insistir en que “no es bueno decir cosas de las que no se tienen pruebas”. Aplíquese el consejo, sabio sin dudas. Yo le exhorto a mi vez a que sea usted más cauteloso en sus escritos, y a que aprenda a respetar para que lo respeten, es decir, para que sus escritos tengan algún peso.

         No descarto saludarle sin resentimientos ni suspicacias,

Rolando D. H. Morelli, Ph. D.

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