A su imán

Índice: 

1.

La Universidad del aire, los cuadernillos impresos correspondientes

y un ensayo desconocido u olvidadodel gran poeta Emilio Ballagas

(Un preámbulo de Rolando Morelli al artículo de Emilio Ballagas “La poesía nueva” que aquí se reproduce)

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1.

La Universidad del aire, los cuadernillos impresos correspondientes,

y un ensayo desconocido u olvidado

del gran poeta Emilio Ballagas

Obran en mis manos, gracias al desprendimiento de un amigo de los que generosamente comparten el pan de la memoria, lecturas y diferente índole de reflexiones, tres ejemplares de los cuadernillos publicados por la Universidad del aire del otrora circuito CMQ de la radio cubana, correspondientes al año 1949. Creada y dirigida por el doctor Jorge Mañach, en 1932, la Universidad del aire se transmitió al comienzo a través de la CMBZ más conocida como Radio 1010, que entonces no estaba asociada con los comunistas. Estos adquirirían las frecuencias en 1943 de sus propietarios, una familia de apellido Lavín.  La programación ofrecida por la Universidad del aire, así como los cuadernos donde se recogen las conferencias allí impartidas que servían a manera de libreto a los instructores, constituyen sin dudas un capítulo señero a la vez de la instrucción en la isla de Cuba en la época republicana, y del papel jugado por la radio cubana en el afán de conseguir un alto índice de educación general, cuando ambas, la educación y los medios de difusión disfrutaban de completa libertad. El castrismo, que vendría después, en su afán por difamar las realizaciones del pueblo cubano en la república, ha mentido reiterada y descaradamente acerca del índice de analfabetismo habido en 1959 y ha querido hacer pasar el programa de adoctrinamiento al que sometiera a la población desde el propio año en que los “revolucionarios” se hicieron con el poder, por un legítimo sistema educativo. Semejantes “logros” resultan inseparables —no debiera de olvidarse— de la incautación violenta de todas las escuelas públicas y privadas, y de la expropiación de los numerosos medios de comunicación conque por entonces contaba el país en manos diversas, bien de individuos, organizaciones o corporaciones privados, programa de expropiaciones del nuevo régimen colateralmente conducido a la llamada “campaña de alfabetización” auspiciada y alentada por él, donde se enseñaba a leer y escribir mediante una cartilla que auspiciaba la “A” de antiimperialista, la “B” de “brigadista”, la “C” de “compañeros”… la “F” de Fidel y la “R” de Raúl.  Más recientemente, la inveterada costumbre de mentir ha llevado a la tiranía castrista y a sus “intelectuales” voceros, a atribuirse la invención de una modalidad “educativa” conocida como “universidad para todos”, la cual debería tener lugar a través de la radio y la televisión. Contando con el efecto de la desmemoria colectiva miente una vez más la propaganda del régimen, ya que no sólo no se trataría de una idea original del castrismo ésta de contribuir a la educación de la población cubana mediante los medios de difusión masivos, sino que se tergiversa asimismo el noble propósito original, de manera que si “la universidad para todos” castrista es y se proclama inclusiva, (a diferencia de la otra que proclama: “la universidad es únicamente para los revolucionarios”), ello no sólo es posible, sino deseable, a causa del evidente contenido catequístico y confesional de la misma. En contraste, “la Universidad del aire” dirigida por verdaderos intelectuales como Jorge Mañach y Francisco Ichaso, y los cuadernillos cuyos facsímiles reproduzco para beneficio del lector, con una plantilla de nombres impresionantes, se proponía declaradamente “despertar un interés en los temas de la cultura”. Encontramos pues en ellos contribuciones entre muchos otros de María Zambrano, la filósofa española discípula de Ortega y Gassett y amiga de José Lezama Lima; de Juan J. Remos, Dulce María Escalona, la gran educadora; de Luis Amado Blanco, Luis A Baralt, Rafael Suárez Solís, Emilio Ballagas, José María Chacón y Calvo, Gustavo Pittaluga, Raimundo Lazo, José Ferrater Mora, Fernando Ortiz, Camila Henríquez Ureña y los propios Mañach e Ichaso entre muchísimos otros.  También intelectuales profesamente de militancia comunista como Juan Marinello, Carlos Rafael Rodríguez y otros participaron libremente en las presentaciones y debates de diversa temática, auspiciados por esta tribuna educativa.  En cualquier barbería de pueblo del interior del país o en los hogares de cualquier latitud —para no hablar de la Habana o las grandes ciudades— era posible acceder entonces a esta información, complementada a su vez por las mejores revistas y periódicos del continente, muchos de ellos hechos en Cuba: Bohemia, Carteles, Social, Diario de La Marina, El mundo, El País, etc. donde publicaban igualmente las mejores plumas de Cuba y otras latitudes.

Sirva este preámbulo de introito a esta nueva sección que se inicia con el propósito de ofrecer una visión más veraz y documental de lo que Cuba llegó a alcanzar durante la época republicana, en medio de los altibajos políticos que no son ni han sido exclusivos de nuestra patria ni del mencionado período histórico.  Entre los trabajos que recoge el número 8 de los cuadernillos correspondientes al curso de verano de 1949, destaca un excelente ensayo del poeta Emilio Ballagas que responde al título “La poesía nueva”. Me parece a propósito dar comienzo a esta sección reproduciendo el mismo no sólo por razón de su procedencia sino asimismo por tratarse de un texto muy posiblemente desconocido u olvidado, que no aparece recogido entre las “prosas” de la “Órbita” del poeta, a cargo de Rosario Antuña y con prólogo de Ángel Augier, la cual fuera publicada y muy difundida en Cuba en su momento.

En sucesivas entregas iré reproduciendo aquí los textos que más interés puedan suscitar, a mi parecer, de los recogidos en estos tres pequeños volúmenes de la Universidad del aire.

Rolando Morelli

         

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 Algunos apuntes bio-bibliográficos sobre el autor del ensayo

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Emilio Ballagas nació en la ciudad de Camagüey el 7 de noviembre de 1908 y murió en la Habana el 11 de septiembre de 1954.  En 1926 se graduó de Bachiller en Letras y Ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de su ciudad natal. En la revista Antenas de la propia ciudad, fundada por el escritor español Hernando d’Aquino, profesor del Instituto y activista cultural, debió comenzar Ballagas su labor poética. Comenzó luego estudios de pedagogía en la Universidad de La Habana, en 1928.

En 1931 da a la luz su primer libro: Júbilo y fuga. En 1933, luego de obtener el título de Doctor en Pedagogía de la Universidad de La Habana ocupó la cátedra de Literatura y Gramática en la Escuela Normal para Maestros de Santa Clara en la que se desempeñó hasta 1946.  Su Cuaderno de poesía negra aparece en 1934. En 1935 y hasta 1943, ocupó el cargo de redactor del periódico La Publicidad, de Santa Clara. En 1936, publicó Elegía sin nombre y ofreció la conferencia “Parábola de la poesía española contemporánea” en la Institución Hispanocubana de Cultura.

Como comisionado de la Secretaría de Educación de Cuba, viajó por Francia en 1937, con el fin de investigar la presencia y contenido de manuscritos de autores americanos que se conservaban en la Biblioteca Nacional de París. En el año 1938 presentó al gran público Nocturno y elegía. La Dirección de Cultura de la Secretaría de Educación de la República de Cuba le otorgó una Mención Honorífica por sus obras Sabor Eterno y Sergio Lifar, el hombre del espacio.

En 1939 publica Júbilo y fuga y Sabor eterno, ambos en La Habana.

Junto a Gastón Baquero, Eliseo Diego, Fina García Marruz y Cintio Vitier, laboró como editor de la revista Clavileño, a partir del año 1942 y tomó parte del ciclo organizado por la Sección de Literatura del Ateneo de La Habana “Los poetas de ayer vistos por los poetas de hoy”, donde ofreció una conferencia sobre José María Heredia. Asimismo pronunció dos conferencias en la Asociación Cultural de Católicas: “Ulises de regreso” y “Castillo interior de la poesía”.

En 1943 se hizo cargo de la dirección de la revista Fray Junípero. Cuadernos de la vida espiritual.

En 1946, se doctoró en Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana. Ese mismo año le fue otorgada una beca del Institute for the Education of the Blind, de Nueva York, institución dedicada a la enseñanza de ciegos. En esa ciudad permaneció hasta 1947, y durante el curso de su entrenamiento aprendió braille y conoció al poeta norteamericano Fred K. Tarrant. Durante su estancia en los Estados Unidos ofreció conferencias en los cursos libres de la Universidad de Columbia y en La Casa Hispánica de Nueva York. A su regreso, el Colegio Nacional de Periodistas de Cuba lo acreditó con el certificado de Aptitud Periodística Profesional.

En 1953 publica sus Décimas por el júbilo martiano en el Centenario del Apóstol José Martí.

El 11 de septiembre de 1954 muere en la ciudad de la Habana a los 46 años.

Las referencias a su obra son numerosas y altamente elogiosas.

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La poesía nueva

Emilio Ballagas

Para convocar a mis oyentes a bordo de esta alfombra mágica que los llevará planeando sobre los hechos más significativos de la poesía contemporánea, comenzaré por una afirmación ingenua y riesgosa: “Yo he inventado la poesía” No hay porqué sonreír. Esto es verdad y al quedar dicho en serio, va seguido de una humilde declaración complementaria: “Otros han venido inventándola antes de que yo naciera”. Ambas afirmaciones me sirven para dejar sentado que la poesía es nueva desde los siglos, es decir, desde su mismo origen, aclarando de paso que lo que se llama la poesía nueva ha sido en ciertos aspectos una saludable reacción, un regreso a lo que el mundo presente echa de menos en la misma literatura y en las relaciones humanas en general: regreso a la fe, a los mitos, a la magia, a la edad aurea y terrible de la infancia, al misterio. No en vano uno de los movimientos rusos de renovación lírica se llamó “adamismo”.

Además, queda por ver lo que cada uno de los sucesivos inventores ha hecho con su poesía. La Mitología abunda en aleccionadores relatos al respecto. Orfeo, que con el poder de su lira conmovía a los árboles, inventó el alfabeto. Con esto último, con la palabra —que no con la música— quedaba consumado el pecado original de la poesía; culpa feliz que habría de condenar al poeta a ese trabajo de usufructuar la poesía de un material que como el lenguaje, al para que las ventajas de su plasticidad comporta el doble peligro de la fragilidad, por una parte, y la tendencia a la esclerosis de los vocablos por otra. Ya he aludido en varias ocasiones en que he hablado sobre poesía, al drama impar de construir con el material manchado de las palabras, con lo frágil del canto puro y la fugacidad de la rosa, un palacio de adamantina dureza en la misma eternidad.

Como que la verdadera poesía es sustancia idéntica a sí misma —conservada por circulación como la sangre y como las aguas— bastaría con definirla a ella para definir a la poesía nueva, que es nueva por pura redundancia. Mas la estaríamos limitando al querer definirla. Tomaremos el camino contrario preguntándonos: “qué cosa no es la poesía” y en cierta manera definiremos por medio de una limitación.

Croce nos enseña que la poesía no es ni sentimiento ni imagen, ni la suma de ambos sino contemplación del sentimiento o verdadera intuición, la cual es pura porque está fuera de toda referencia histórica en cuanto a la realidad o irrealidad de las imágenes con que se entreteje, y capta el puro fluir de la vida en su idealidad.

Para el crítico francés Thierry Maulnier, la poesía no es la música sino el lenguaje. Con esto quiere quizás salvarla del equívoco de Verlaine que proclamaba “la música sobre todas las cosas”, pero es que también Verlaine, muy oportunamente en su época, por medio de un aserto positivo expresaba más bien una posición negativa, la de que la poesía no es sonsonete más o menos cadencioso.

Al hablar de la poesía no hemos perdido de vista al poeta que es el que la hace, ya que la palabra es tarea del hombre, ya sea éste filósofo, ya poeta. Es el propio Maulnier quien nos dice que “en manos del poeta —sólo en sus manos— el lenguaje no es sólo un instrumento lógico, sino también un instrumento mágico”. Esto lo lleva a la conclusión de que el poeta deja de serlo “en el momento en que sacrifica deliberadamente el poder mágico de la palabra a la significación usual, o inversamente, la significación usual al poder mágico”. Nosotros creemos que cuando la intención significativa apunta a ese poder mágico, viene a ser como un arma que se dispara sola, y que al verdadero poeta hasta la prosa se le convierte en poesía que suena a verso desnudo, en tanto que al falso poeta hasta el verso cuidadosamente trabajado se le hace pura prosa.

Si la poesía vive por las palabras y de ellas se hace, el poeta queda convertido en el más vigilante obrero de éstas, en un “fundador por la palabra de la boca” como quiere Heiddeger. En esto estriba todo el secreto de la poética y del poeta con respecto de la poesía, en conseguir que el carbón de la palabra se transmute en la brasa del canto de modo que la luz de su sabiduría presida el fuego de su emoción y se equilibre con ella sin que lujo de chispas ingeniosas o humos que empañen su transparencia turben el sencillo ritual de atrapar el ave escarlata de la llama en la trampa tiznada de la hornilla.

Ese drama de apoderarse de la palabra esquiva y domesticarla para que el verso realice su unión hipostática con la poesía, se intensifica a fines del siglo décimonono, cuando los simbolistas franceses, alemanes y rusos pretenden rescatar para la poesía unos vocablos que estén lavados de su habitual intención significativa, curando el lenguaje lírico de su esclerosis por medio de vigorosos ejercicios; poniendo dentro de una frase poética internamente armónica, mayor cantidad de elementos imaginativos; atendiendo al poder de sugerir mucho más que a la voluntad de narrar; dando al verso efectos musicales diferentes del mero sonsonete; enriqueciendo, en fin, las rimas y correspondencias fonéticas. No olvidemos la parte que tuvo en estos intentos de transmutación verbal el poeta ruso Dmitrievitch Bálmont, verdadero virtuoso de la aliteración, cualidad que podemos percibir directamente aun desconociendo la lengua del autor.

En la primera guerra europea, el poeta Guillaume Apollinaire se distraía trazando caligramas. Los caligramas eran un viejo ejercicio que se había practicado en la poesía del Antiguo Oriente. Consistía en trazar figuras con el agrupamiento y disposición de las palabras. Un poeta erótico de la India había compuesto un terceto cuyo primer verso era un arco y el segundo la cuerda del arco. El tercer verso era una flecha que apuntaba al corazón de la amada. La tal flecha de palabras decía poco más o menos: “Aquí te envío el beso que herirá con su fuego ese pecho obstinado”. Apollinaire, que más tarde se declaró poeta “cubista”, vocablo que en realidad poco tiene que ver con la pintura del mismo nombre, dibujaba también objetos con las palabras de sus poemas, atacando el ya mencionado problema de las palabras en la poesía por lo que éste tiene de más externo, la representación gráfica del vocablo. Juego peligroso. Sólo por una antinomia pudo decir Hoeldering aquello de que la poesía “es tarea entre todas la más inocente” puesto que de ese recreo ingenuo y malicioso de Apollinaire nació, una vez acabada la primera gran guerra mundial, un género de poética cuyo objeto inmediato venía a ser contrario del de los simbolistas, a pesar de querer buscar ante todo el reino de la eterna poesía. Se pidió y se intentó la abolición de las reglas prosódicas y métricas; la repudiación de los nexos lógicos; el frecuente uso de la elipsis y la valoración de la imagen por sí misma. Esto también tenía sus antecedentes remotos. Recuérdese entre otras imágenes de Góngora aquella de:

                                   quejándose venían sobre el puño

                                    los raudos torbellinos de Noruega

para aludir a los halcones.

De las malas pasadas que las escuelas jugaron a la sintaxis quedó limpio el campo, sin embargo para que mucho más tarde, ya casi en los umbrales de la segunda guerra mundial, Pablo Neruda pudiera decir: “Y ardamos, y callemos, y campanas”, usando el procedimiento anómalo que según observa Amado Alonso, consiste en seriar un sustantivo —campana— con dos verbos —ardamos y callemos— uniéndolos por medio de la conjunción “y”, que según las leyes del lenguaje sólo une elementos del mismo rango sintáctico.

Casi todas las escuelas que procedieron inmediatamente o siguieron a la guerra europea, no tuvieron la vitalidad suficiente para subsistir y no obstante sirvieron como hemos hecho advertir, de saludable estímulo. Buscando la pezuña o la rosa de la originalidad, los jóvenes tuvieron expedito, si no el camino más corto, sí el más eficaz para encontrarse a sí mismos; al paso que algunos poetas de la generación anterior que ya se habían encontrado a sí mismos por caminos más arduos del forcejeo verbal, aparecieron asombrosamente nuevos. En el período que se sitúa entre dos guerras, entrando por túneles diferentes se encuentran y se reconocen en una misma voluntad de recrear las palabras y de entender la forma no como continente sino como límite y resultado del contenido.

Este encuentro es hasta simbólico, pues algunos de los que cito aquí habían muerto antes de la guerra europea.

Los grandes acontecimientos que constituyen la poesía contemporánea están más vinculados ahora al propio creador de poesía que a la receta de la escuela literaria a que perteneció o parece pertenecer el autor, pues la poesía, siendo ahistórica, es testimonio del hombre, ser histórico y mejor diríamos biográfico. Esos hechos importantes son: el Surrealismo, vinculado a los nombres de André Bretón, Paul Eluard, Louis Aragón y Robert Desnoes, en Francia; Roland Penrose, en Inglaterra; Charles Henry Ford en los Estados Unidos y Manuel Aguilar en Venezuela. Sólo hasta cierto punto y por sus raíces y nervios puramente americanos podría incluirse también aquí a Pablo Neruda, que sobrepasa y supera el Surrealismo. Y en cierta medida también aunque con acento muy personal, al uruguayo-francés Jules Supervielle, que linda con el Surrealismo en el aspecto onírico de su obra. Los otros dos hechos son: La Poesía Pura y la Poesía Desnuda, a las cuales habrá que agregar la Poesía Católica.

Los exponentes más significativos de la poesía pura son: Paul Valéry, el poeta puro por antonomasia, en Francia; Jorge Guillén, en España; y en Cuba Mariano Brull, cuyo cristal fino y consistente se humedece del rocío del trópico. Por último, señalaremos  la poesía desnuda y la aparición de una expresión diferente dentro de la poesía católica, cuyas figuras más insignes van de Peguy a Claudel, en Francia; teniendo representantes en Inglaterra y los Estados Unidos con Coventry Patmore, Gerard Manley Hopkins; Francis Thompson; Joyce Kilmer, Thomas Merton y la pléyade de poets sacerdotes y religiosas que se van dando a conocer en la revista “Spirit” de Nueva York, verdadero renacimiento de una poesía con raíces cristianas.

Aunque las nuevas escuelas rápidamente envejecidas, perecieron, el Surrealismo se va transformando sin perder del todo su vigencia, y este renovarse es el sello de su íntima vitalidad que le impide morir porque en él hay muchas cosas que tienen que ver con el hombre y con su angustia aun desde el punto de vista negativo. El Surrelismo nace y se desarrolla apoyado en las doctrinas más divulgadas del psicólogo S. Freud en relación con la magia del hombre primitivo, y en la sugestiva aunque discutible idea del origen sexual de las religiones, así como en la célebre interpretación de los sueños. Iniciado en 1924 como una segregación del dadaísmo que decía basarse en las concepciones bergsonianas, el Surrealismo tiene etapas fecundas con curiosas exposiciones de pintura en 1927, 1937 y 1947.

Queda del Surrealismo, como uno de sus poetas mejor logrados Paul Eluard, cuyo arte se basa principalmente en el nuevo uso de las palabras comunes proponiéndose transformar el lenguaje por medio de una vuelta a los primeros significados, descendiendo a fórmulas elementales. Sus temas preferidos son el amor y la soledad:

El abanico de su boca, el reflejo de sus ojos,

Yo sólo hablo

Yo sólo estoy ojeroso

Por este inútil mirar en donde el aire circula a través de mi,

Canto la gran alegría de cantar,

La alegría infinita de tenerte o no tenerte,

El candor de esperarte, la inocencia de conocerte,

Oh, tú, que suprimes olvido, la espera y la ignorancia,

Que suprimes la ausencia y en el mundo me dejas:

Canto por cantar, te amo por cantar

El misterio donde el amor me crea y me libera,

Tú eres pura, tú eres todavía más pura que yo.

(“Lo de siempre”)

Se habla ya de un agotamiento del Surrealismo en atención a que la órbita del subconsciente debe de tener la misma limitación y las mismas posibles combinaciones que el ámbito de la inteligencia razonadora.

Si para el que no dispone de las facultades de un Linceo, resulta difícil andar por lo que se ha dado en llamar oscuridad, también la deslumbrante claridad de la poesía pura le impedirá ver de pronto, porque el lector de poesía ha de poseer casi como el mismo poeta el don de la contemplación, oído fino, segura mirada imaginativa, ausencia de soberbia y de malicia para colaborar con aquel que le da el hilo de Ariadna de la sugestión verbal.

La poesía pura viene a ser aquella en que el poeta usa de las palabras trasladándolas radicalmente de su sentido habitual para ser vehículos de una emoción sui-géneris que sólo se da en el artista como la perla en la ostra. Valéry plasmó su verso haciendo que la más grande libertad naciera del más castigado rigor. “He querido —dijo— sentir una belleza sujeta a todas las reglas de la estética y he salido victorioso de esta difícil prueba”. Y ciertamente, “La Joven Parca”, “El Narciso” y el “Cementerio Marino” son textos técnicamente perfectos resueltos a manera de pacientes mosaicos en que el brillo de cada pieza se integra en un esplendor total.

La luz debe también ser invocada a propósito de Rilke. Es luz que se cierne a través del corazón y se hace íntima e infinita a la vez prolongándose en ecos y espejos. En cierto retrato suyo Rilke da la impresión de un ave. Tenía es verdad el don de sacarse su canto de lo más hondo del espíritu. Admirando y velando para siempre se sumió dentro del misterio de las cosas. No hay oposición radical entre poesía pura y poesía desnuda. He usado este último término en un sentido de humildad, de purificada sencillez, acordándome de aquel episodio de la vida de San Francisco de Asís —cantado por Rilke— cuando el santo avanza desnudo delante del obispo, en la plaza, al romper con todos los lazos mundanos.  Sin el auxilio de las riquezas San Francisco supo transformar el cristianismo; igualmente, sin opulentos recursos, sólo con la superabundancia del amor, esta poesía puede restituirnos la prístina belleza del verso. Y aunque en Valéry hay una especie de ascetismo orgulloso en tanto que en Rilke la poesía es acto existencial, no acabo de discernir sus diferencias. Valéry había dicho que “era preciso estar bien despiertos para escribir nuestro sueño”. Rilke dijo a su vez que : “aquel que ha despertado es un soñador para los que todavía duermen”, y despierto, moviéndose en medio de sus sueños, dialogó con los ángeles familiares y terribles a la vez, destinados al mensaje y al trato con los hombres, pero ejecutores también de su punición, seres de espiritualidad y fortaleza, bellos como lo era Gabriel, Abdiel y Uriel; temibles como Azrael, el ángel de la muerte de los mahometanos, porque en la muerte se resume toda nuestra vida:

Porque somos nada más que la corteza y la hoja.

La gran muerte que cada uno lleva en sí

es el fruto en cuyo derredor todo se mueve.

Los ángeles, la muerte y la pobreza en su sentido trascendente, de ausencia de adjetividades y de acercamiento a Dios como a lo humano esencial, fueron el tema favorito de Rilke. Había nacido en Praga, vivido en Alemania y Francia. Murió en Suiza en 1926. No ha dejado de influir incesantemente en la poesía contemporánea.

Frente al arte apolíneo de Valéry, el arte de Paul Claudel representa un extremo dionisíaco de la poesía europea. Claudel, sanguíneo católico champañés no acepta, como su compatriota, la regularidad del verso clásico, ni la regularidad pretendidamente irregular del verso romántico. Quiere expresarse no exactamente como quien versa sino como quien conversa. “Pero eso que usted dice es prosa” —le argumentan. Y él replica— :  “No, no es prosa, mi querido señor, esto nada tiene que ver con ella; son versos cada uno de los cuales es distinto, cada uno de los cuales posee una figura sonora diferente y contiene en sí mismo todo lo necesario para ser perfecto; en una palabra, es poesía latente, brotada de un hontanar mucho más hondo que el de todos los rebuscamientos mecánicos”.  Esto no impide que Claudel haya realizado un trabajo semántico de puro arcaísmo que le lleva a familiarizarse con la médula de las palabras, con los giros medievales y las sonoridades litúrgicas que le dan a su verso un sentido orquestal.

El auditorio habrá advertido que le estamos llevando al terreno de la poesía católica que es una parcela dentro de la nueva expresión.

No resulta extraño que Maurois advierta en Claudel la influencia de Coventry Partmore, el conmovido poeta inglés, porque la poesía católica en lengua inglesa es una de las más ricas que se ofrecen al oído espiritual del buen catador. Desde el siglo XIX  había habido un espléndido renacimiento de la poesía católica en Inglaterra. Este renacimiento había comenzado cuando Francis Thompson escribió su ensayo sobre Shelley, en el cual suspiraba por días mejores en que la poesía era la hermana menor y como la asistente de la Iglesia: “ministro de la mente como la Iglesia lo era del alma”. Los miembros de la hermandad prerrafaelista no eran católicos, pero su movimiento literario al querer ir a una primitiva sobriedad y simplicidad cristianas, se relaciona con el movimiento de la poesía católica. Joyce Kilmer afirma que Conventry Partmore llevó las teorías de los prerrafaelistas a su lógica conclusión. Confianza de infante que se pone en las manos de su Dios es una de las características de Partmore. No se trata de poesía devota lastrada de una fría y puntual observancia. Estos nuevos poetas católicos han cantado y cantarán todos los aspectos de la vida, y esta poesía escrita por ellos ha de juzgarse por su calidad poética, no por su temática. Santo Tomás enseña que puede una persona ser un santo a tiempo que un artista mediocre.

Gerard Manley Hopkins, (+ 1898) , que propuso el retorno a la versificación puramente tónica —como en el verso griego y latino— es el ejemplar del poeta cristiano en que el verso límpido es continuación de la plegaria desaprendida para ser sorprendida. Oigámosle:

Nada tan bello como la primavera, cuando

la hierba brota en corros, larga, linda, jugosa;

y los huevos del tordo son un cielo chiquito y bajo y

tanto el tordo

nos purifica y transe el oído, entre el eco del bosque

que oyéndole

como luz de relámpagos sobrecoge su canto.

En esta síntesis que ya toca a su fin, he tenido necesariamente que seleccionar y hasta olvidar. Como en las vistas panorámicas mientras más abarca el ojo, más pequeños lucen los edificios, y aún las torres sólo son puntos de referencia. No dejaré sin embargo de aludir al irlandés Padriac Colum a quien oí una vez decir que en “La Alondra” de Shelley el avecilla se perdía en medio de tanto elemento alusivo y elusivo, de modo que uno se preguntaba:

—¿Y dónde está la alondra?

Entonces torné a preguntarle:

—¿Sucede esto en todas las composiciones de Shelley?

—Seleccione usted mismo, una. —Me dijo.

Yo apunté:

—“La Siempreviva”

Y él, implacable:

—Bueno, y en medio del narciso, de la eglantina y otros tópicos del jardín, ¿dónde está la siempreviva?

No olvido tampoco a Thomas Merton, hace unos años anarquista y hoy trapense dedicado a las actividades del trabajo y de la oración. Pasó él una temporada en Cuba, después de esta última guerra en la que sirvió como soldado y escribió el poema “Song For Our Lady of Cobre” donde la referencia a nuestra virgen se logra por puras alusiones, tratando indirectamente el tema del mestizaje:

Las muchachas blancas alzan sus cabezas como árboles,

Las muchachas negras marchan

Reflejadas como flamencos en las calles.

Las muchachas blancas abren sus brazos como nubes,

Las muchachas negras cierran sus ojos como alas.

Porque las estrellas celestiales

Se juntan en corro

Y todas las piezas del mosaico que es la tierra

Se alzan para volar como las aves.

He querido citar los mejores ejemplos de la poesía contemporánea, porque —claro está— que en cada escuela, existe lo malo, lo bueno y lo medio. En plena fiebre surrealista Aragón tuvo la sinceridad de afirmar: “Si usted escribiere tristes imbecilidades siguiendo un método surrealista, éstas serán siempre tristes imbecilidades”.

De un modo general puede decirse que el lector sincero de la poesía contemporánea no puede ir a buscar a ella un pasatiempo divertido, ni elementos puramente musicales, ni metafísica por noble que ésta sea, sino poesía ni más ni menos, lo cual no quiere decir que se prescinda del indispensable elemento cognoscitivo. Lo que han venido tratando de encontrar los poetas es la piedra filosofal que anhelaba Fray Luis: “Un no aprendido canto”. No están del todo lejos los unos de los otros, y no lo están, porque en medio de tanta confusión, cada poeta quiere recobrar su ruiseñoridad, y canta en la noche oscura del alma, para los demás hombres, que desde las tinieblas apenas si perciben el eco del “lucero hecho trino”. Pero el canto acabará por convencer.

___________ Nota pertinente:

Corresponde a este ensayo una extensa y variada bibliografía que aquí suprimimos por razones de extensión. El lector interesado podrá consultarla accionando el cursor sobre la imagen correspondiente.

© Del texto del ensayo aquí reproducido: Herederos de Emilio Ballagas.

Una respuesta a “A su imán

  1. Waldo González López

    Estimado Rolando, qué bien que traigas al siglo xxi al gran poeta al que durante los últimos años algunos escritores cubanos nos hemos dedicado a divulgar, [en particular] la excelente poesía del gran Emilio Ballagas, como ahora haces tú, por lo que te abrazo y felicito.
    Años atrás (1987), publiqué una antología de sus hermosos versos para niños por la editorial Gente Nueva, que [en Cuba] se ocupa de la lit. para la infancia.Te envío en correo aparte fotocopia de ese volumen y un breve trabajo sobre Ballagas con varias de sus décimas a la Virgen.
    Un abrazo, tu waldo glez.

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